Originalmente titulada "A Clockwork Orange", esta película, creada en 1965 pero ambientada en la Inglaterra de 1995, ha sido considerada por críticos de cine como una de las más influyentes del siglo XX, no solo por la importancia de su realizador Stanley Kubrick, sino por su complejo contenido y mensaje.
Con un lenguaje visual muy sugestivo, Kubrick comunica desde el primer minuto. La cámara es manejada de tal forma que nos presenta al personaje principal, Alex DeLarge, como un ser superior. El comienzo es misterioso, conocemos a los miembros de la pandilla con un paneo hacia afuera, y notamos que son seres grotescos y vacíos. La fuente de la leche plus es, sin duda, uno de los mayores aciertos y también, una gran sorpresa. Esta leche enriquecida con sustancias que exacerban la violencia de los personajes puede ser vista de muchas maneras. Psicológicamente, puede incluso considerarse como la motivación que muchas veces las personas necesitan para hacer algo de lo que en el fondo no están convencidos. La banda sonora también contribuye mucho al desarrollo de la película, con Beethoven y Gene Kelly adornando una historia profundamente humana.
La cámara inestable y vertiginosa lleva de la mano al espectador por una senda en la que quizá sea difícil de entrar, pero de la que después no se puede salir. El lenguaje, que combina el inglés con el ruso, es otro síntoma evidente de que se trata de un cine de época, que refleja el tiempo del comunismo soviético y de las inseguridades constantes. El director intenta hacer con esta película una gran crítica a la terapia conductista, que estaba de moda en esos momentos, demostrando que puede funcionar aparentemente pero que es más la afectación sicológica posterior al paciente que los beneficios que puede traer. Esto se demuestra con el final de la película, cuando Alex intenta suicidarse, sintiendo que es su único alivio. Sin embargo, no lo logra, y queda malherido y aún más desgraciado.
Lo que algunos espectadores consideran una película pesada y lenta, es, en mi opinión, una verdadera obra de arte, sobre todo por el manejo de los recursos. Así lo ratifica Anthony Burgess, autor de la novela en la que se basó Kubrick, diciendo que fue una adaptación brillante y que amó a los actores. El director, ya célebre por cintas como "Spartacus", "Lolita" y "2001: A space odissey", consigue con "La naranja mecánica" catapultarse como uno de los cineastas que mayor simbolismo han utilizado en sus películas.
LCPV
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