Veamos como lo expresa la autora en sus
propias palabras, según el epílogo de la sexta parte ("El Caballo de César" - "The October Horse"): “ (…) Lo
que me atrajo del periodo fueron tres aspectos distintos: en primer
lugar, que no había sido recreado hasta la saciedad por otros
escritores; en segundo lugar, su relevancia para la civilización
occidental moderna en el sentido de que buena parte de nuestros
sistemas de justicia, gobierno y comercio tienen su origen en la
República romana; y por último, aunque no por ello menos
importante, el hecho de que rara vez han subido al escenario de la
historia personajes de tan extraordinario talento en tan breve
espacio de tiempo, hasta el punto de haberse conocido entre sí en
vida. César conoció a Mario, Sila y Pompeyo Magno, y todos, de una
forma u otra, dieron forma al curso de su vida, como hicieron otras
figuras históricas famosas como Catón el Uticense y Cicerón. Sin
embargo, hacia el final de El caballo de César, han desaparecido
todos, incluido el propio César, y lo que permanece es su legado a
la experiencia romana que les sucede: el sobrino nieto de César,
Cayo Octavio, quien iba a convertirse en César Imperator y luego en
Augusto. (...)”
Dejando aparte la descripción de las
batallas o de los sucesos históricos ocurridos, McCullough nos
ilustra muchas particularidades de la vida romana e intenta ofrecer
un retrato sicológico posible de los personajes involucrados, sus posibles
motivaciones y sus amores y desafecciones. Aunque en algunos
capítulos hace una interpretación heterodoxa de los hechos, la
autora defiende sus narraciones dentro del contexto de lo narrado y
asumiendo con valor las críticas que se gana con ello.
En mi criterio, dentro de su género (novela histórica), Colleen McCullough ha logrado, en el ideario de sus lectores, posicionarse a la altura de grandes autores que abordan los períodos mas fascinantes de Roma, como, por ejemplo, Robert Graves.